En su concepción actual se refiere a como las empresas se relacionan con la sociedad y con el entorno. La Unión europea la vincula con “la integración voluntaria por parte de las empresas de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones empresariales y en las relaciones con sus interlocutores”.
En el Estado español, siguiendo las directrices marcadas por la Unión Europea en esta materia, la Comisión de Trabajo y Asuntos sociales del Congreso de los Diputados aprobó el 27 de junio de 2006, un Informe sobre las conclusiones de la Subcomisión sobre Responsabilidad Social de la Empresa, donde se recoge la definición de la RSE en el mismo sentido aunque aclarando desde el principio que “terminológicamente (…) se ha preferido la denominación RSE ya que permite incluir a las pequeñas y medianas empresas y no sólo a las grandes sociedades anónimas” y es que corporativa aplicado a la responsabilidad social “proviene directamente de los (términos) ingleses corporation y corporate circunscritos a las grandes sociedades anónimas que cotizan”.
La RSE busca el compromiso de las empresas con el desarrollo social, la preservación del medio ambiente, el desarrollo económico sostenible y la ética. Los poderes públicos deben tener una actitud proactiva ante un planteamiento que se presenta como una respuesta empresarial de contribución voluntaria con la defensa y la promoción de los derechos sociales y medioambientales y que percibe sus responsabilidades ante las consecuencias de sus actuaciones.
Los cambios en las expectativas de los ciudadanos en relación con las empresas han propiciado un incremento de las aportaciones de éstas a la sociedad. Ello ha comportado que las empresas se relacionen con valores como la solidaridad, la justicia distributiva, la protección de colectivos especialmente vulnerables, etc. Frecuentemente, las motivaciones iniciales no son tanto de tipo ético como económicas, ya que las empresas perciben que una actitud activa hacia los problemas sociales y medioambientales les puede producir beneficios comerciales. Es decir, las empresas perciben que vincularse con la defensa de valores de la RSE puede ser rentable y que ello las coloca en una posición de ventaja competitiva. De esta manera, se vinculan voluntariamente con los diferentes aspectos que integran la Responsabilidad Social Empresarial por miedo a que, de no hacerlo, les comporte una pérdida de su situación en el mercado.
Se pueden clasificar las medidas de responsabilidad social según el ámbito o la dimensión dónde se proyecten sus efectos:
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