El Observatorio

POLÍTICAS PÚBLICAS

Datos que alarman acerca de actos discriminatorios en los ámbitos educativos

No puede menos que causar preocupación -y a la vez suscitar el reclamo de que se impulsen en forma perentoria medidas correctivas de una tendencia tan repudiable- que del total de de denuncias de discriminación que recibió el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), en su delegación bonaerense, el 11,3 por ciento haya tenido origen en el ámbito educativo provincial, tal como lo detalló una nota recientemente publicada en este diario.

Justamente el titular de ese organismo destacó que ese porcentaje es importante y, a la vez, inquietante, toda vez que las escuelas son el ámbito natural de integración e igualación, donde se aprende a aceptar las diferencias del otro. Justamente fue ésa una de las características más sobresalientes de la escuela pública en nuestro país, diseñada a fines del siglo XIX, que se convirtió por décadas en un modelo de avanzada en el mundo.

Mientras desde sectores vinculados al quehacer educativo se confirmó que los actos de discriminación, si bien no son comunes, existen, desde el Inadi se indicó que en la escuela privada prima la discriminación por condición social, diversidad religiosa o discapacidad, mientras que en la pública suele ser por el país de origen (migrantes de naciones limítrofes) o por el aspecto físico.

Hace dos años se conoció el reclamo de vigencia en nuestro país de una ley de educación inclusiva formulado desde la Asociación Síndrome de Down, basado en el hecho de que cerca del 90 por ciento de los niños con esa discapacidad no asiste a clases o tiene inconvenientes para integrar el aula ordinaria.

Lo cierto es que si bien desde hace un tiempo se advierte mayor conciencia en la lucha contra la discriminación se está lejos todavía de haber alcanzado un nivel satisfactorio, a juzgar no sólo por lo que cada cual puede apreciar sino por los datos que manejan distintos organismos oficiales y no gubernamentales.

Así, hace pocos años una estadística elaborada por el Centro Contra La Discriminación, un programa perteneciente al Foro de Organizaciones No Gubernamentales que luchan contra la discriminación, determinaba que la mayor cantidad de denuncias formalizadas en la última década se refirieron a problemas registrados en el ámbito de la salud y fueron los portadores del virus HIV, los discapacitados y los diabéticos los que más plantearon actitudes de ese tipo en su contra.

En infinidad de oportunidades se ha destacado que, por encima de las leyes y otras normas que repriman las distintas formas de discriminación, lo esencial es trazar los lineamientos educativos para lograr que la población se encuentre preparada para convivir en un marco, más que de tolerancia, de verdadera comprensión entre todos los sectores de la población. Y ello, con muchísima mayor razón, si esas desviaciones morales e intelectuales se registran en edades tempranas y tienen como escenario a los propios ámbitos escolares.

Desde luego que también hace falta una convicción acendrada que, desde las franjas dirigenciales hacia los demás sectores sociales, involucre a todos en una batalla a favor de una cabal integración de las diferencias.

 

Informa: El Día (agosto 2010)

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